Mi abuelo pirata, Akiara Books. Hay abuelos que son magia

07:00 Mónica - Refugio de Crianza.

Mi abuelo pirata, Akiara Books. Hay abuelos que son magia

A mi abuelo paterno lo recuerdo poco, se fue demasiado pronto. Pero mi abuelo materno, ese es otro cantar. Tengo la cabeza llena de recuerdos suyos, de tanto que me dio y tanto que me enseñó.

Este es uno de esos libros que homenajean a los abuelos y nos los dejan ver como héroes sin capa que son capaces de hacer magia por sus nietos.

Cada domingo el abuelo contaba historias a sus nietos, sentados en el banco del parque de al lado de casa. Historias de piratas o recuerdos de infancia, que pescaba al vuelo o en las profundidades de la memoria. Hasta que un día se lo llevaron al hospital y todo cambió.

Ficha técnica.

Título: Mi abuelo pirata
Autor: Laia Massons
Ilustradora: Zuzanna Celej
Editorial: Akiara Books.
ISBN: 978-84-17440-29-9
Detalles: 32 págs, 28 x 24 cm

Mi abuelo pirata

El abuelo de los niños del cuento era uno de esos con los que siempre querías estar. Incansable, e imparable, con una imaginación desbordante y viviendo mil aventuras con sus nietos.

mi abuelo pirata

Cada domingo se llevaba a los niños a la isla de los tres piratas, que es como llamaban a su rincón favorito del parque y allí les contaba mil y una historias fabulosas.
Pero los niños le pedían siempre que contase de las otras historias, de las que son recuerdos.

mi abuelo pirata

Les hablaba sobre las cosas que inventaba de pequeño o de como cuidaba a su hermana pequeña. De como cazaba lagartijas o cuando conoció a una niña de largas trenzas, la niña con la que años después se casó.

Tristemente un día el abuelo tuvo que ser hospitalizado y ese día se acabaron las historias, se acabó la isla, se acabaron los domingos con el abuelo.
Al volver a casa el abuelo estaba cambiado, le costaba hablar y apenas podía moverse.

mi abuelo pirata

Hasta el pelo se le había vuelto más blanco y los niños no reconocían en esa figura a su abuelo parlanchín, su abuelo dicharachero.

¡Ahora era un súper pirata!, ahora serían ellos los que le contarían historias.

Los abuelos, esos tesoros.

Mi abuelo no nos contaba historias, nos llevaba a vivirlas. Recuerdo que pasaba mucho tiempo con ellos y con mis primos y siempre nos estaba llevando con él en sus paseos, que se acababan convirtiendo en tardes de juegos.

Hacía como que nos reñía delante de mi abuela, pero la verdad es que él me enseñó a subirme a los árboles, a coger moras, a bañarme en el río y a inventar mis propias historias y aventuras.
Me dio una infancia que sin él, no habría tenido, y me dejó la imborrable memoria del tiempo vivido a su lado.

Hay abuelos que deberían ser eternos, pero por desgracia no es así, y tarde o temprano nos dejan.
Hay abuelos con los que se tienen vínculos irrompibles y especiales, que nos enseñan sin darnos lecciones y nos dan todo sin pedir nada a cambio.

En el álbum se da especial importancia al arte de contar historias y nos hace pensar en como en el pasado las enseñanzas y valores iban pasando  de generación en generación a través de ellas, de las canciones, los refranes, los cuentos. Ese arte se nos está perdiendo un poquito y deberíamos proponernos que eso no ocurra.

Os animo a contar historias y recuerdos a vuestros hijos en la forma que queráis, y que lo hagáis una y otra vez aunque sean siempre las mismas. En la familia de mi marido lo hacen, lo que yo llamo «La hora de las batallitas» pero lo cierto es que aunque me ría de ello, yo hoy recuerdo perfectamente esas historias de mi suegro gracias a ellas. Mi suegro ya no está pero su recuerdo nunca se irá.

mi abuelo pirata

Laia Massons y Zuzanna Celej

Laia nos habla de ese vínculo especial, de sentimientos y de tristeza. Porque es inevitable sentir tristeza cuando los abuelos se hacen mayores y cuando los perdemos.

Hace poco mi hijo perdió a su abuelo y era la primera pérdida importante que sufría. Yo no sabía bien que hacer o como preparar el camino y al final opté por el camino de la verdad; Le hablé de lo malo que estaba el abuelo, y el niño a veces me preguntaba si estaba triste por él. No quería negarlo, porque sabía que así lo estaría preparando para un final inevitable.

Decidí ser sincera y no ocultarle nada. Y no, eso no le evitó el disgusto: lloró, se enfadó y luego se le pasó. No ocultó sus sentimientos y dejó salir sus emociones.

Este libro me llegó justo cuando el abuelo se puso mal, y recuerdo que se lo comenté a la editora, Inês Castel-Braco. Llegó en el momento justo para aclararme un poco sobre cómo tratar el tema con el niño.

A Zuzanna Celej la conocí hace muy poquito a través de otro cuento y he notado su firma innegable en los paisajes y las sombras. Tiene el don de llenar de vida una página sin tener que usar apenas colores ni rasgos o formas muy delimitadas.

Sus ilustraciones insinúan más que mostrar, pero lo captas todo a la perfección.
El uso de los mismos tonos en toda la historia le da continuidad y te relaja en la lectura. Todos veremos el cambio que experimenta el abuelo de las primeras a las últimas hojas, y sentiremos ternura por él.

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