¿Por qué no hablar de la muerte con niños? Parco, de Alex Nogués y Guridi.

07:00 Mónica - Refugio de Crianza.

¿Por qué no hablar de la muerte con niños? Parco, de Alex Nogués y Guridi.

Desde la llegada de Coco, todo ha cambiado en la forma de explicar a los niños algo tan delicado como la muerte. Hasta ese momento siempre he tratado de evitar ese tema, pero el pequeño coco nos lo puso fácil. Quizás sea por el ambiente festivo mexicano que se le da a la a la historia, que lo hace menos complicado de lo que en realidad es. Lo cierto es que de ese modo se nos hace menos cuesta arriba y además me fascina la cultura mexicana y en especial la forma de honrar a sus muertos.

Por eso me gustó tanto Parco, porque es una versión similar a Coco, con mucho humor. ¿Qué dirian nuestras abuelas si celebrasemos el día de los muertos con calaveras, Catrinas, música y comida?. Seguramente se llevarían las manos a la cabeza.

Pero para mí que rehuyo entierros y cementerios y me contagio de la pena de todos si me toca acudir a uno, es una excelente opción. Es mi mayor temor, no lo puedo controlar, temo a a la muerte propia y ajena. Quizás me tachen de loca si se me ocurre celebrar la muerte al estilo mexicano, pero, ¿acaso no son los locos los más felices junto a los niños?.

Sí, seguramente estoy desvariando ya demasiado y no seré capaz de instaurar esas tradiciones en mi hogar, pero lo que si puedo hacer es hablarle a mi hijo de la muerte al estilo mexicano, para que la comprenda sin dolor y para ampliar sus conocimientos sobre otras culturas.

Parco.

parco

“¡Descanse en paz!”, dijeron.

Parco no entendía que pasaba, le deseaban descanso eterno pero él escuchaba perfectamente el entrechocar de los platos, el barullo de las voces, la música y los brindis.
Harto de escuchar rancheras y mariachis decide levantarse de su tumba y ver que ocurre fuera.

Los mariachis fueron los primeros en salir corriendo,
lanzando los instrumentos por los aires.

Unicamente la que fuera su mascota, su fiel amigo Rulfo se queda a su lado sin asustarse de su nuevo aspecto.
Parco se saca el hueso del brazo y se lo lanza lejos para que se vaya. Condenado perro, se va pero se lleva el brazo.

Parco regresa al pueblo y bebe en la taberna junto a sus amigos, ya recuperados del susto. A quien si asusta Parco de forma totalmente intencionada es a sus vecinos, aquellos que no le desearon un buen descanso. La venganza se sirve fría, dicen.

Parco ve a sus hijos jugar felices en la calle y juega con ellos. Siente el aroma de la cocina de su adorada Carmela y por un día, siente que no está muerto. Está más vivo que nunca, aunque sea por un solo día.

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Formato: 28 x 24 cm
Páginas: 40
Encuadernación: cartoné | 460 g | 10 mm lomo
ISBN: 978-84-17440-21-3
Colección: Akialbum, 8
Primera edición: noviembre del 2018
Edad recomendada: + 6 años

 

Alex Nogués y Guridi.

Alex Nogués nos presenta a un personaje entrañable y a la vez divertido. Es inevitable reírse con las situaciones que vive, pero también emocionarse con él cuando se reencuentra por un día con su familia y comprueba que la vida sigue aunque él ya no esté.
Nos da una herramienta con la que podemos explicar qué pasa con los muertos cuando se mueren, qué pasa con la vida de los que los conocen.

Al igual que el autor, Guridi se basa en la cultura mexicana para realizar las ilustraciones de Parco, e incluso ha creado la tipografía especialmente para la ocasión.
El uso de los fondos negros realza aún más el esqueleto de Parco para que no se nos olvide que es un muerto y no alguien vivo. Pero no da miedo, porque lo ha dotado de emociones en su aspecto, lo que nos permite empatizar con él.

La muerte en México.

Hace ya unos cuantos añitos desde que estuve en México pero es un país al que deseo volver con mi hijo para enseñárselo. Me fascinó completamente tanto el lugar como las tradiciones y la cultura.
No coincidimos allí con el día de los muertos, pero creo que si repitiera viaje, lo haría para poder vivirlo en primera persona.

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En México el día de los muertos no se reúnen vestidos de negro con flores en la mano para acudir al cementerio y ponerse tristes recordando a los que ya no están.
Allí engalanan sus calles y sus casas, preparan comida para vivos y muertos, decoran con demonios y calaveras y se crean altares con ofrendas de todo tipo. La música suena festiva y alegre y hablar de los muertos se hace con añoranza pero de forma natural.

Existen incluso unos versos divertidos que se recitan en la víspera de muertos llamados calaveritas.
Las calaveritas literarias son poemas en estrofas de cuatro versos octosílabos que riman y que tienen un punto irónico y divertido sobre la persona o hecho en los que se basan:

La melodía del verano por fin terminó
pues La Calaca de escucharla estaba harta.
“Esta canción al mundo contaminó
Es preciso que nadie más la comparta”.

El récord del vídeo más visto se ganó,
pero pasito a pasito llegó al panteón.
pobre Luis Fonsi, su éxito tronó.
La muerte no aprecia el buen reaggeton.

Calaverita dedicada a “Despacito”.

Habrá quien crea que es una locura, los más reacios a modernizarse y con tradiciones antiguas más arraigadas pensarán que es una falta de respeto. Y no, simplemente es otra cultura, y una que no me importaría vivir a mi, que no soy capaz de pisar un cementerio o asistir a un funeral.

Desde siempre se ha relacionado el 1 de noviembre con un día triste en el que hay que honrar a los difuntos de forma solemne, sin festividades de ningún tipo. ¿Qué pasaría si cambiásemos eso?, ¿es que los querríamos menos?, ¿les estariamos faltando al respeto?.
Sinceramente, pienso que mi abuelo preferiría verme feliz cantando sus canciones favoritas o preparando su ternera con cachelos, antes que verme a mi, y a todos, llorando por los rincones recordando que no está.
Y así me gustaría que me recordasen a mi cuando me vaya, con alegría y sin dramas.

Coco, Parco y los niños.

Cuando se trata de explicar la muerte a los niños no es fácil. No se en vuestro caso pero en el mío fue todo un drama.

La primera vez que el niño preguntó fue el año pasado al recordar una niña de su clase que su papá había muerto. Mi hijo me preguntó si la gente moría, y a mi me gusta responder siempre con la verdad sin mentir ni crear fantasías.
Así que si, le dije que la gente muere. Gran error porque la siguiente pregunta fue si yo me iba a morir.
Le dije que seguramente algún día, cuando sea muy viejita y él sea grande y quizás esté casado y tenga hijos. Lo de casarse y tener hijos no le mola pero lo de que yo me fuese a morir fue todo un shok y se puso a llorar desconsoladamente.

El caso es que no se olvidó, y de vez en cuando si oía algo relacionado con la muerte, se ponía a llorar pensando en que yo me iba a morir.

Ese año pusieron Coco en el cine de verano del pueblo y fuimos a verla. Con tanta música, tanta fiesta y calaveras que a él le encantan, tenía que ser la ocasión perfecta para tratar de enmendar aquel fallo, y explicárselo de otro modo.

Así que adopté un poco de cultura mexicana para decirle que hablar o recordar la muerte y lo que le rodea no tiene porque ser triste, le expliqué como pude como es, y le recordé que cuando le toque a él recordarme año tras año (siendo él ya muyyyy mayor), podría hacerme canelones el día de los muertos, hacer sonar a Marc Anthony, y esperar mi llegada para celebrar ese día bailando.
Parece que se quedó más convencido, aunque ahora cree que seré un fantasma.

Poco después llegó a casa Parco así que sabiendo que todo el tema ya no le hacía llorar, lo leímos para ver si se había quedado con la historia y el proceso en versión mexicana.
Genial, ya no llora al hablar de la muerte. Ahora seré un fantasma cadavérico que vendré a comer canelones cuando él sea mayor.
Y sinceramente, prefiero que lo vea así, a imaginámselo llorando por mi.
Igualmente a mi no me importaría que cuando llegue el momento me ocurra como a Parco y pueda revivir un poco el día de los muertos, para ver a los míos, escuchar mis canciones, y pegarme un buen atracón. ¿No sería mejor así?.

Quizás Coco, Parco, y los que vengan detrás, consigan poco a poco hacer que nuestra forma de ver la muerte o el día a día sin un ser querido cambie. No va a cambiar el hecho de que cuando pierdes a alguien el dolor es indescriptible, pero quizás cambie poco a poco los años que vienen detrás y la forma de sobrellevarlo.

De todos modos aunque eso nunca cambie en nuestra cultura, Parco y Coco seguirán siendo para mí una buena forma de hablar de la muerte con niños que aún no están preparados para la dura explicación. Sigue siendo una explicación cierta, pero diferente y más llevadera.

 

 

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