Yo no quiero ser princesa.

Si hay un cuento con el que me siento realmente identificada, ese es Yo no quiero ser princesa, de la editorial Uno. Una editorial de servicios que trabaja para autores independientes, profesionales, empresas e instituciones dando servicios de maqueta, imprenta, ISBN, ebook, consultoría… Es una editorial súper molona. Sus proveedores de papel certifican la obtención del mismo de bosques sostenibles. Algo primordial y a tener muy en cuenta en los tiempos que corren, si no queremos terminar con nuestro planeta mucho antes de lo ya esperado. Además abogan por la conciliación familiar y cuidan mucho de sus empleados, clientes y proveedores. Cosa que toda empresa debiera hacer pero no siempre sucede.

¡Vaya! que desde aquí les invito a que me concedan una entrevista y me den opción a luchar por un puesto de trabajo, que la cosa está fatal y tengo que criar a mi pequeñaja :D.

Yo no quiero ser princesa. Editorial UNO

Yo no quiero ser princesa es un cuento para niños y niñas rebeldes. Leer cuentos no tiene género, y este cuento busca una reflexión sobre el papel de las mujeres y las niñas en la sociedad actual. Desde que nacemos, el entorno promueve estereotipos que diferencian las niñas y a los niños: como la elección del color de la ropa, los juguetes, los deportes, las profesiones… Yo no quiero ser princesa cuestiona estos roles predeterminados desde el punto de vista infantil, ayudando a los niños y niñas a plantarse ante determinadas situaciones discriminatorias entre ellos.

Por suerte, nací en una familia en la que nos educaron en valores desde bien pequeñas. Tengo una hermana más pequeña que yo y ambas coincidimos en la buena educación que recibimos desde siempre y que ahora tratamos de transmitirles a nuestros hijos. Ella tiene un niño y yo tengo una niña a los que trataremos de enseñarles a ser buenas personas y a ser felices.

A mí jamás me gustó usar falda. Siempre iba a lo cómodo, al chándal y zapatillas de deporte. Era con lo que mejor me sentía. Ya tenía suficiente con usar falda durante toda la semana por el uniforme del cole. Aunque a mi madre le hubiese gustado que me vistiera de otra forma, siempre me respetó y nunca me obligó a usar nada que no quisiera. Lógicamente, cuando las elecciones se iban por derroteros que rozaban lo excéntrico, mediaba para evitar que hiciera el ridículo, pero poco más.

Mi hermana sin embargo era diferente, a ella siempre le gustó la moda alternativa, el rollo hippie, los “pantalones cagaos”, los millones de colores en la ropa, que aunque tampoco era santo de la devoción de nuestra madre, nunca quiso cambiarle sus gustos ni su forma de pensar.

Y no solo puedo daros ejemplos en cuanto a la forma de vestir. A nosotras nos educaron en el respeto, en la comprensión, en la asertividad. Nos daban consejos y nos dejaban equivocarnos. Después siempre terminábamos dándoles la razón, obviamente. Nadie mejor que un padre o una madre para querer lo mejor para ti. En nuestra casa la imposición y el sí porque sí no eran una máxima. Jamás nos inculcaron tendencias religiosas ni políticas, cada una fue creando su propio pensamiento y personalidad, cosa que es muy de agradecer. Lo mismo pasó con los estudios y más tarde con respecto a temas amorosos. Todavía recuerdo lo poco que les gustaba algún noviete que tuve a mis padres y cómo respetaron mis decisiones, aunque se alegraron enormemente el día que decidí dejar la relación.

Creo, y no sé si estaréis de acuerdo, que esta es una buena forma de educar. La sociedad en la que vivimos depende directamente de la educación que reciban las personas que la conforman. Por eso la gran pregunta que debemos hacernos es:

¿Cómo podemos lograr una sociedad más justa e igualitaria?

  • Tratando y valorando a niños y niñas desde su nacimiento de forma igual.
  • Educando para fomentar que todos desarrollen las capacidades que como seres humanos poseen, no solo las que la sociedad considera que deben tener según sean niños o niñas.
  • Tratando a las personas de forma única porque todos somos diferentes.

Por norma general, aún a pesar de vivir la época en la que vivimos, desde que nacen o incluso antes de nacer se les trata de forma distinta a niños y niñas. Muchos de los juguetes son distintos, la ropa es distinta, se interactúa de forma diferente y algunas de sus conductas también son valoradas de distinta manera.

Se les da mensajes de lo que un niño debe hacer o lo que una niña no debe hacer. De esta forma consiguen que se vayan construyendo esquemas mentales sobre cómo es un niño y cómo es una niña. Los medios de comunicación también influyen mucho en el autoconcepto de cada cual.

Por todo esto, estoy tan identificada con el cuento del que hoy vengo a hablaros. Yo no quiero ser princesa es una herramienta perfecta para educar a niños y niñas en igualdad de condiciones. La protagonista del cuento lucha tremendamente contra el papel que le toca desempeñar en su vida.

Yo no quiero ser princesa. Editorial UNOElla no quiere ser una princesa y hacer cosas de princesas. No quiere usar vestidos, no quiere que decidan con quién tiene que casarse. Quiere jugar en el parque, correr, saltar, ensuciarse, mojarse bajo la lluvia como cualquier otro niño o niña haría. Quiere aprender a cocinar y valerse por sí misma. Pero todas esas cosas son impensables a ojos de sus padres, una familia real al uso.

Yo no quiero ser princesa. Editorial UNO

Ella no entiende por qué jugar con los hijos de la servidumbre del castillo está mal visto. No entiende por qué no puede hacer música con un contenedor de basura y unas cucharas de madera. No quiere que ningún príncipe le cante serenatas en el balcón.

Yo no quiero ser princesa. Editorial UNO

Además ella quiere ir a la universidad, cosas que sus padres para nada comparten. Por suerte, su tía, es una mujer comprensiva que ayuda a salir del atolladero a nuestra pequeña princesa y le dice que con ganas y luchando por lo que realmente uno quiere, todo puede suceder.

Yo no quiero ser princesa. Editorial UNO

Es un libro precioso, lleno de valores y mensajes enriquecedores.

Con él  los peques de la casa pueden aprender un montón. Además las ilustraciones son muy bonitas  y llenas de colorido que atrapan al lector desde el primer momento.

La protagonista de esta historia logró hacer su sueño realidad. Si todos luchamos por lo que queremos, podemos lograrlo. Solo hay que hacerlo mucho y muy fuerte para que se cumpla.

En otras ocasiones tratamos el tema de la igualdad y os gustó un montón, podéis echarle un ojo haciendo click —> AQUI

¿Conocíais este cuento? ¿Qué opináis de la educación en igualdad y en valores?

Sed buenos,

Andre

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9 thoughts on “Yo no quiero ser princesa.

  1. Hola! Me encanta el movimiento, sólo considero que aplicar la palabra para rebeldes lo convierte en un aspecto negativo, no se trata de rebeldía sino de los mismos derechos!!! Lo que todas y todos merecemos!!!

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    1. Ese término lo utiliza la propia editorial para describir el argumento del libro. No creo que.quiera darle un matiz negativo, pero gracias por tu apreciación. Sin duda el mensaje del libro es fantástico.

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  2. A mí tampoco me impusieron ni vestimenta ni juguetes de pequeña cosa que agradezco enormemente. Además, cuando era niña solía ir mucho con niños y nunca me dijeron nada. Ahora como madre me doy cuenta de lo que llegan a imponer los roles de sexo así que me parece genial un libro así.

    Le gusta a 1 persona

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