24 semanas de embarazo y visita a urgencias

24 semanas de embarazo

Normalmente cuando voy a la matrona no me cuesta demasiado y no me pongo tan nerviosa como cuando me toca ecografía o visita  a la ginecóloga, así que, ese día me levanté tranquila y fui sin pensar mucho más allá. Total, lo que iba a hacer es darme fecha para próximas pruebas. Cuando entro a la consulta me pregunta las cosas de siempre, cómo me encuentro, si noto molestias, si me siento más limitada en algún aspecto… lo lógico y normal. Yo aprovecho y le narro el episodio con la enfermera de ginecología, me pone cara de… “hija, esto es lo que hay, algunas tienen el tacto completamente perdido”. Y me dice que ya que estamos me va a tomar la tensión.

En ese momento todos los dispositivos de alarma se despiertan en mi cuerpo y empiezo a sentir cómo los nervios se apoderan poco a poco de mí y de mi “supuesta tranquilidad”. Me toma la tensión con el aparato de toda la vida, el de apretar para que se hinche el brazalete. Pone cara de pocos amigos y me mira. “Es que tienes la tensión por las nubes, hija. Estate tranquila, quédate un poco sentada en la sala de espera que voy a buscar otro aparato y la vuelvo a medir dentro de un poco”. Le pregunto la cifra… 16/10. Madre mía, me faltó llorar, que al final acabé haciéndolo de lo nerviosa que me puse. Mi marido estaba conmigo y ya no sabía ni qué decirme porque me agobié demasiado.

Imaginaos que siempre me dijeron, si supera los 14 de alta o los 9 de baja tienes que ir a que te revisen en urgencias porque puede ser realmente peligroso para el bebé o para ti. Después de tantísimo tiempo de espera para conseguir este sueño, solo el hecho de pensar que las cosas pueden salir mal me aterra, y creo que es uno de los motivos por los que me pongo de esa manera cada vez que piso el hospital o cualquier consulta que esté directamente relacionada con la salud de mi hija.

Me toma la tensión por segunda vez no sin antes hablar conmigo y tratar de calmarme. En este caso había bajado un poco pero seguía superando con creces los límites permitidos. Así que me propone que vaya a mi casa, me tumbe un rato con la luz apagada, me relaje y vuelva por la consulta una hora y media después. A todas estas, no sabía que hacer con el tema del trabajo. Si los valores volvían a dar altos me tendría que ir de cabeza a urgencias, pero si no, podría venir a trabajar como todos los días. Por si acaso aviso a la persona responsable y le comento lo que puede llegar a pasar. No hace falta ser muy listo para saber que al final terminaría en urgencias porque la tensión no me iba a bajar así por las buenas y mucho menos sabiendo que me la volverían a tomar. Lo del síndrome de bata blanca es por algo.

Hago lo que me manda y antes de ir a su consulta yo me tomo la tensión en mi casa. Me sale bien, 12,7/ 8. Normalizada completamente. Llego al centro de salud, la pobre matrona me mira con cara de resignación como queriéndome decir que ya sabe lo que dará el tensiómetro y… efectivamente supera los 15 de alta y los 9 de baja. Concretamente tengo 15/10 así que… me toca pasear este cuerpo serrano y hacer una visita al hospital entrando por urgencias, que se sabe la hora a la que entras pero la de salida es toda una incógnita.

Allá nos vamos mi marido y yo. Trato de calmarme por el camino. Me tienen que hacer analíticas de todo tipo y eso me pone muy pero que muy nerviosa. Tienen que comprobar las transaminasas y si hay proteína en la orina. Además descartarán posible preeclampsia. Uff… solo de pensarlo me entran los 7 males.

Entro en el hospital y me atienden al momento. Me llama una enfermera y me hace pasar a un box donde puedo estar acompañada. Le explico toda la situación y ella me habla muy tranquilamente y me hace razonar. “Los nervios no te van a llevar a ningún sitio, estate tranquilina que ya verás como todo sale bien”. Me pone luz ténue en el cuarto y me deja conectada al tensiómetro. Mientras tanto, el santo que se casó conmigo me acaricia y me habla para que me relaje. Entre la amabilidad de la enfermera y las atenciones maritales consigo estabilizarme y la primera medición sale bien. No me lo puedo ni creer. Al ver eso me quedo muchísimo más aliviada y consigo relajarme por completo hasta el punto en que incluso las pulsaciones me bajan a una cifra normal.

El trato que recibí fue impecable, el personal fue encantador, lo único malo las 6 horas de espera tumbada en aquella camilla con una vía por un lado y el tensiómetro en el otro. Pero bueno, finalmente todas las analíticas salieron bien, así que me dieron el alta no sin antes recordarme que tuviese bien presente tomarme la tensión una vez por semana y que ante la mínima subida, volviese por allí a hacerles una visita.

Al final, el síndrome de bata blanca es completamente real, otra cosa es que por mis características y condiciones sea muy probable que a la larga y un poco más avanzado el embarazo termine dándome guerra. Pero mientras tanto, seguiré disfrutando tranquila y sintiendo a la enana cómo me patea, cada vez más  veces y con más fuerza :D.

La matrona, para mayor seguridad, decidió que fuese la semana siguiente a colocarme un mapa. Es un tensiómetro que llevas pegado a tí durante 24 horas para medirla cada 20 minutos y poder analizar realmente si es normal durante el día o no. Esa prueba, después del engorro de llevar aquello pegado a mí durante un día entero también salió bien. No me puedo quejar. Por ahora todo marcha de forma normal.

 

¿Vosotras tuvísteis algún susto de este tipo? Contadme.

 

Un saludo y sed buenos.

 

Gloan.

 

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12 thoughts on “24 semanas de embarazo y visita a urgencias

  1. Hay que ver la diferencia que puede marcar quién te atienda. Fíjate, con el síndrome que tienes y al final hasta conseguiste una tensión normal en urgencias, bendita enfermera (y bendito marido que también hizo lo suyo). Esperemos que este tipo de sustos sean todo lo que tengas en el embarazo y que queden como anecdotas para explicarle a tu peque.

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